jueves, 15 de septiembre de 2022

Un jueves, un relato XXIV: "Ucronía"

En esta ocasión me ha resultado de nuevo muy inspirador participar en este reto. Mi apreciada blogger Mag nos ha propuesto elegir una pintura de varias que compartió en su blog e inspirarnos en ella para narrar la historia.

¡Vamos al lío!





Adieu.

Adieu - Alfred Guillou (1892)
Adieu - Alfred Guillou (1892)


Naya creció en aquel pueblo de pescadores siendo el ojito derecho de su padre, y de su abuelo. La madre murió en el parto y la niña se crio en una casa humilde, a orillas de la playa, protegida por el cariño de Martín y Sauro, el viejo marinero y su hijo, que pese a su carácter callado y gestos hoscos, eran puro mimo cuando se trataba de cuidar a la niña.

“Cuando sea mayor, seré también marinera” – decía a los cinco años. Sauro negaba con la cabeza y la besaba en la frente. “Qué va, mi niña. Las niñas no salen al mar, eso es cosa de hombres. Tú serás maestra o costurera, como Marga”.

“En cuanto termine la obligatoria, quiero que papá me enseñe a navegar” – repitió a los quince. Martín la miró como si estuviera loca. “¡Pero qué fantasía de juventud es esa!” Bramó con su voz cascada. “Al mar, ni te acerques. El mar es traicionero y tú no estás hecha para él”.

Al cabo de unos años, Naya se enamoró del hijo de Gabriel, otro pescador vecino. Todas las tardes salía a la playa a esperar que volviera de faenar para sentirlo entre los brazos, ya de vuelta, con besos que sabían a salitre.

Martín y Sauro la observaban llegar, con las mejillas arreboladas y la ilusión en los ojos, y asentían más tranquilos.

Una fatídica tarde de intensa tormenta, la barca de Gabriel no volvía. Los hombres no podían prever lo que estaba sucediendo. Naya, nerviosa de esperar, no se lo pensó dos veces y cogió una de las barquichuelas del abuelo. Se hizo a la mar, y la marea, enseguida la llevó mar adentro.

Horas más tarde, su propio padre rescataría su cuerpo cerca de la orilla. Despidió a su hija con un último beso en el rostro, estaba ya gélida y sin vida. Lágrimas de horror y arrepentimiento surcaban su rostro mientras, mirando a Martín, le decía “Quizá, si le hubiéramos enseñado…el mar no nos la habría arrebatado”.



Te dejo por aquí el enlace a la entrada donde puedes leer muchas otras participaciones.

Gracias por seguir en este viaje. 

 ¡A vivir!

26 comentarios:

  1. No se describir un escalofrío pero imaginatelo, me ha recorrido la espala. Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Triste relato, que nos habka de los peligros certeros del mar.

    Besos.

    ResponderEliminar
  3. Ay qué triste. Se dieron cuenta demasiado tarde, aquí no se trata de cosas de hombres o de mujeres.
    Enhorabuena, me ha encantado.
    Feliz día.

    ResponderEliminar
  4. Que pena de historia, pero que bien contada, se me erizo la piel mientras leía . Un beso grande.

    ResponderEliminar
  5. Narrada con emoción, así llega y permanece en la memoria, tal como seguramente esa pintura te conmovió...

    Abrazo agradecido.

    ResponderEliminar
  6. Muy dulce el relato y bonita la moraleja de la historia! Siempre quedará la duda! Un abrazo!

    ResponderEliminar
  7. Qué buen relato Noelia. Triste, pero con una enseñanza importante. Besos :D

    ResponderEliminar
  8. Parece que era su destino perder la vida en el mar.
    Precioso relato.

    Besos.

    ResponderEliminar
  9. Es durillo eh.... pero tiene una buena moraleja.

    Beso.

    ResponderEliminar
  10. Triste, triste. No podían estar vigilando siempre, pero nunca se sabrá. Yo creo que sunwue ke hubieran enseñado, cuando no se debe salir, no salen ni los que saben del mar. Y ella hubiera salido igual
    Brsoss,

    ResponderEliminar
  11. Tu que eres educadora, ¿no es una ucronía la historia de España que cuentan en los libros de texto?, me estoy refiriendo, a la Reconquista, a los Reyes Católicos, la Guerra Civil etc...

    Saludos

    ResponderEliminar
  12. nada, una historia de amor como muchas que terminan en una gran desgracia, los arrepentimientos solo apuran el final.

    ResponderEliminar
  13. Bellísima historia y bien narrada, Noelia. El destino aguardaba ahí. Hubiera sabido navegar o no, el riesgo de no volver era alto. Nunca lo sabrán pero, al menos, tienen el cuerpo que les da un abrazo de luto.
    Muchísimas gracias por participar, Noelia. Gracias por compartir ete viaje.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  14. Qué final tan triste, pero lo has relatado muy bien.
    Besos.

    ResponderEliminar
  15. Que duro y que bonito a la vez, que buen relato. Saludos!

    ResponderEliminar
  16. me ha recordado un poco a la canción 'naturaleza muerta' de mecano.
    nunca se debe subestimar para ninguna tarea a una mujer, sólo por el hecho de serlo.
    besos!!

    ResponderEliminar
  17. Jolines, me ha dado un escalofrío.. no me hagas esto a estas horas... que mal!

    ResponderEliminar
  18. Lo has narrado con tal sentimiento, que nos haces reflexionar en el destino.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  19. siempre fue de hombres como si fuera una parcela restringida a mujeres, tradiciones que como todas van cayendo por si mismas. El mar se traga a los que le retan, sean mujeres u hombres. Un abrazo

    ResponderEliminar
  20. Un relato con moraleja para padres y abuelos. Tomo nota.

    ResponderEliminar
  21. Quizá, aunque supiera navegar, tampoco, pero eso nunca lo sabremos. Te ha pillado la vena romanticoide, oye, gusta la variedad, que todo es experimentar. Besos!

    ResponderEliminar
  22. Ay qué triste! pero que bien contado.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Más PINTURERA en INSTAGRAM